El Templo

De la necesidad de un Templo de adoración y meditación

Todos desde la mas temprana edad hemos sido llevados a lugares y ceremonias donde se reúnen grupos y muchedumbres y aun inconscientemente (desde el punto de vista objetivo) hemos participado de la energía producto de la emoción propia y de la del conjunto humano ahí reunido.

Posteriormente hemos podido recrear esas emociones y generar energías y estados mentales parecidos, no solo asistiendo nuevamente a esos lugares de reunión comunitaria sino por el simple hecho de recordarlos y decimos que nos emociona nuestra estancia o el paso por ese lugar, lo mismo nos ocurre al visitar sitios nuevos donde sabemos o sospechamos que en el pasado se realizaban reuniones similares… estas emociones y estados de ánimo producidos por la condición de sintonía con el lugar y/o ceremonia (o el recuerdo del lugar visitado anteriormente) nos dan en mayor o menor medida según nuestra animosidad, sentimientos de paz y armonía y condescendencia con el mundo circundante… algunos dicen “me lleno de seguridad y paz” y desde luego que nos ocurre de manera mas intensa al regresar al sitio de nuestra niñez.

La mayoría de nosotros tenemos la necesidad de objetivizar, es decir; de ver, tocar, oír y oler FISICAMENTE, para entrar en esos procesos de vivir la energía de la emoción, pero la capacidad del hombre entrenado le permite recrear en su interioridad esas emociones a plenitud, cuando se trata de realizar ejercicios abstractos de orden elevado; como es la realización de los procesos de creación de orden artístico, matemático, creación literaria, oración y otros de orden subjetivo.

Se sabe de la realización de prácticas de meditación de grupos de individuos integrados y armonizados que mentalmente pueden recrear sitios de reunión y armonizarse en comunión mental, lo que les permite compartir ideas y emociones y realizar verdaderas reuniones de comunión espiritual estando realmente separados físicamente. Me ha tocado vivir experiencias que me permiten reconocer plenamente la posibilidad de lo anteriormente dicho, y sabedor de lo difícil que es reconocerlo por el análisis objetivo de la mayoría, les pido no desecharlo completamente, pues al menos en sueños la mayoría ya se han beneficiado de experiencias parecidas de retroalimentación y crecimiento espiritual y otros logran despiertos por medio de la oración condiciones de crecimiento y despertar similares.

Lo anterior sirva para reconocer que nos beneficiamos o podemos hacerlo visitando lugares físicos o mentales donde podamos vivir esas experiencias de orden superior que hacen de la vida algo mas que un ejercicio meramente animal y fortuito. Démonos cuenta que con lo anterior estaríamos aceptando manifestaciones de energía y/o materia a la expresión de lo mental.

Gracias a la escuela los niños aprenden mas que en su casa y gracias a la convivencia familiar aprenden mas que en el aislamiento, son axiomas comprobados por la ciencia, así gracias a la iglesia o templo se practica a mayor profundidad el ejercicio religioso, que es mental, emocional y místico, que es individual y también del colectivo… pero que es un proceso gradual de aprendizaje y crecimiento de la conciencia del hombre, de lo mas simple a lo mas complejo… de lo animal a lo humano, de niñez a madures, de lo objetivo a lo subjetivo, de lo individual a lo colectivo de lo colectivo a lo individual, de lo humano a lo divino a lo universal.

Cuando se recorre el detalle del Lienzo Santo se descubren callejas y pasillos, el entramado de los pisos, las columnas y edificios, los objetos sobre las mesas los jarrones en el suelo, las lámparas de aceite, los animales y la gente, los eventos del relato evangélico a las paredes del templo plasmado en la imagen misma del lienzo o en el imaginario de la mente tal vez… Verlo implica esfuerzo y paciencia, mas aun insistencia, no para inventarlo sino para reconocerlo, desentramarlo, decodificarlo, esforzarse en entenderlo, para mirarlo mas en su realidad y asociarlo a nuestra realidad interna y tenerlo como un sitio de recreación de la conciencia que está en la búsqueda de lo sublime de lo superior, de lo que puede ser una realidad mas coherente de nuestra esencia humana que aspira a lo divino porque ahí está su origen y su propósito.

Así queremos reconocer que El Templo de adoración y meditación para instruirnos y crecer en nuestra conciencia; bien puede ser nuestro corazón donde se renueva nuestro ser interno, bien puede ser un sitio de comunión físico donde nos encontremos fraternalmente con otros seres, bien puede ser la impronta de Cristo en nuestras mentes y corazones o la vista de su santo lienzo capaz de recordarnos el valor de la vida terrena y la posibilidad de redimirnos para trascender en la vida perdurable.
(Melo; 6 de enero de 2013)

SEGUNDO TEMA SOBRE EL TEMPLO
28 de Junio de 2013, tomado del News.Va Español del Facebook
Les comparto el texto de la Audiencia General de los miércoles (del día de antier) en el Vaticano, mismo que referencía la palabra “TEMPLO” bajo el pensamiento de este distinguido hombre que es el Papa, líder religioso de los católicos.
EL PAPA FRANCISCO: A LOS OJOS DE DIOS TODOS SOMOS IGUALES, TAMBIÉN YO. NADIE ES INÚTIL EN LA IGLESIA.

Una vez más, miles de peregrinos de todo el mundo participaron ayer en la audiencia general del Papa Francisco. Recordamos que la de esta semana fue la última audiencia general antes de la tradicional pausa de julio, que coincide con el verano romano: todas las audiencias privadas y especiales del Santo Padre se suspenden, y durante el mes de julio se anulan las audiencias generales de los miércoles, 3, 10, 17 y 31. Las audiencias generales se reanudarán el miércoles 7 de agosto en el Vaticano.

Ofrecemos a continuación el texto completo de la catequesis del Papa Francisco, titulada «La Iglesia: Templo del Espíritu Santo»:

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Hoy quisiera referirme brevemente a otra imagen que nos ayuda a ilustrar el misterio de la Iglesia: la del templo (cfr Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. Lumen gentium, 6).

¿Qué nos sugiere la palabra ‘templo’? Nos hace pensar en un edificio, en una construcción. De modo especial, la mente de muchos va a la historia del pueblo de Israel narrada en el Antiguo Testamento. En Jerusalén, el gran templo de Salomón era el lugar del encuentro con Dios, de la oración; en el interior del templo estaba el Arca de la Alianza, signo de la presencia de Dios en medio del pueblo. Y en el Arca estaban las Tablas de la Ley, el maná y el bastón de Aarón: un recuerdo de que Dios siempre estuvo presente dentro de la historia de su pueblo, acompañando su camino y guiando sus pasos. El templo recuerda esta historia; también nosotros, cuando vamos al templo, debemos recordar esta historia, cada uno de nosotros nuestra historia: cómo Jesús me encontró, cómo Jesús caminó conmigo, cómo me ama y me bendice Jesús.

Así pues, lo que estaba prefigurado en el antiguo Templo, lo realiza el poder del Espíritu Santo en la Iglesia: la Iglesia es la "casa de Dios", el lugar de su presencia, donde podemos encontrar y estar con el Señor; la Iglesia es el templo en el que habita el Espíritu Santo que la anima, la guía y la sostiene. Si nos preguntamos, ¿dónde podemos encontrar a Dios? ¿Dónde podemos entrar en comunión con Él por medio de Cristo? ¿Dónde podemos encontrar la luz del Espíritu Santo para que ilumine nuestras vidas? La respuesta es: en el pueblo de Dios, en medio de nosotros, que somos Iglesia. Entre nosotros, dentro del pueblo de Dios y de la Iglesia, allí encontraremos a Jesús, al Espíritu Santo, encontraremos al Padre.

El antiguo templo fue edificado por las manos de los hombres: se quería “dar una casa” a Dios, para tener un signo visible de su presencia en medio del pueblo. Con la Encarnación del Hijo de Dios, se cumple la profecía de Natán al Rey David (cfr 2 Sam 7,1-29): no es el rey, no somos nosotros quienes “damos una casa a Dios”, sino que es Dios mismo quien “construye su casa” para venir a habitar en medio de nosotros, como escribe San Juan en su Evangelio (cfr 1,14). Cristo es el Templo viviente del Padre, y Cristo mismo edifica su “casa espiritual”, la Iglesia, que no está hecha de piedras materiales sino de piedras vivas, que somos nosotros.

El apóstol Pablo dice a los cristianos de Éfeso: vosotros estáis «edificados sobre los cimientos de los apóstoles y de los profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por Él, todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros os vais integrando en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu» (Ef 2,20-22). ¡Esto es hermoso! Nosotros somos las piedras vivas del edificio de Dios, profundamente unidas a Cristo, que es la roca de apoyo, y también de apoyo entre nosotros, ¿no? ¿Y qué significa esto? Que el Templo somos nosotros, pero nosotros, vivos, nosotros somos la Iglesia viviente, somos el Templo vivo, y cuando estamos juntos entre nosotros está también el Espíritu Santo que nos ayuda a crecer como Iglesia. No estamos aislados, somos el pueblo de Dios, y ésta es la Iglesia: Pueblo de Dios.

Y es el Espíritu Santo con sus dones, quien diseña la variedad: esto es importante. ¿Qué hace el Espíritu Santo entre nosotros? Dibuja la variedad, la variedad que es la riqueza de la Iglesia y une todo y a todos, a fin de constituir un templo espiritual, donde no ofrecemos sacrificios materiales, sino a nosotros mismos, nuestra vida (cf. 1 Pt 2, 4-5).

La Iglesia no es una trama de cosas e intereses, sino que es el templo del Espíritu Santo, el Templo donde Dios obra, el Templo en el que cada uno de nosotros con el don del Bautismo es piedra viva. Esto nos dice que nadie es inútil en la Iglesia. ¡Nadie es inútil en la Iglesia! Y si alguien, por casualidad, dice, cualquiera de ustedes: "ve a casa, tú eres un inútil", ¡eso no es verdad! ¡Nadie es inútil en la Iglesia: todos somos necesarios para construir este templo! Nadie es secundario. "Ah, yo soy el más importante en la Iglesia!": ¡no! ¡Todos somos iguales ante los ojos de Dios, todos, todos! Pero alguno de ustedes podría decir: "Escuche, señor Papa, usted no es igual a nosotros". ¡Sí, soy como cada uno de ustedes, todos somos iguales, somos hermanos!

Nadie es anónimo: todos formamos y construimos la Iglesia. Esto nos invita también a reflexionar sobre el hecho de que si falta el ladrillo de nuestra vida cristiana, le falta algo a la belleza de la Iglesia. Y, si algunos dicen, "Ah, yo no, yo no tengo nada que ver con la Iglesia". ¡Pero entonces faltará el ladrillo de tu vida, en este hermoso templo! Nadie puede marcharse ¿eh? ¡Todos tenemos que llevar a la Iglesia nuestra vida, nuestro corazón, nuestro amor, nuestro pensamiento, nuestro trabajo... Todos juntos!

Quisiera entonces que nos preguntásemos: ¿cómo vivimos nuestro ser Iglesia? ¿Somos piedras vivas o somos, por así decir, piedras cansadas, aburridas, indiferentes? ¿Han visto qué feo es ver un cristiano cansado, aburrido, indiferente? Un cristiano así no va bien, el cristiano ha de ser vivo, alegre de ser cristiano; debe vivir esta belleza de formar parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. ¿Nos abrimos a la acción del Espíritu Santo para ser parte activa de nuestras comunidades, o nos encerramos en nosotros mismos diciendo: “tengo muchas cosas que hacer, no es tarea mía”?

Que el Señor nos conceda su gracia, su fuerza, para que podamos estar profundamente unidos a Cristo, que es la piedra angular, el pilar, la piedra de apoyo de nuestra vida y de toda la vida de la Iglesia. Oremos para que, animados por su Espíritu, seamos siempre piedras vivas de su Iglesia>>.

Una respuesta a El Templo

  1. kathy dijo:

    Israel es derrotado por el pueblo de Hai Josué se queja a Jehová josué se queja a Jehová

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